SALINAS DE ARAYA

Salinas de Araya

Las salinas de Araya es la historia de Araya, ambas están íntimamente ligadas en su acontecer, claro está, primero estuvieron las salinas de Araya, quienes le proporcionaron a los grupos primarios su supervivencia en el sitio que hoy ocupan  Araya, Punta de Araya y Guamache, dándole oportunidad a la formación de Manicuare y El Rincón. 

Las Expediciones colombinas y Las Salinas de Araya.

Teniendo como cierta la hipótesis de Juan Manzano Manzano, que el contacto con el continente americano se realiza en 1484. Podemos concluir, sobre el descubrimiento de las salinas para los españoles se realizó durante los viajes menores, emprendidos desde la isla La Española. Encontrándonos que,  durante este segundo viaje Colón le da el nombre de Punta de las Salinas, a la extensión de tierra sobresaliente en la parte norte de la región de Araya. Esta región para poder denominarla en plural, debieron caminar y observar las tres imponentes salinas. Esta Punta de Las Salinas más adelante se le denominó Punta de Araya, nombre indígena que luego cubrió  toda la península. Indudablemente tenemos que darles todo el crédito a los marinos de Colón sobre el nombre de Punta de las Salinas porque fueron los primeros que debieron plasmarlo en su mapa, que llevo durante la expedición, conjuntamente con “Juan de la Cosa (c. 1449-1510), marino, conquistador y cartógrafo español. Nacido en Santoña (Cantabria), quien debió adquirir su experiencia como navegante en el mar Cantábrico y realizó varias travesías recorriendo la costa occidental de África. En sus primeros Viajes desde 1492 participó en siete viajes y expediciones al Nuevo Mundo.

Expedición de Cristóbal Guerra y Alonso Niño a las Salinas de Araya.

La primera expedición que se realiza con más detenimiento a Las Salinas de Araya, durante la época, después de las excursiones colombinas, fue la realizada por Cristóbal Guerra y Pedro Alonso Niño (1499). Para muchos, erróneamente y con una visión eurocentrista toman este acontecimiento como el descubrimiento de Las Salinas de Araya. La llegada de los españoles a Las Salinas de Araya es plasmada en forma descriptiva, por primera vez, por el cronista de la Corona Pedro Mártir de Anglería, en sus Décadas del Nuevo Mundo: “...En aquella playa de Paria hay una región llamada Haraia, que es notable por la fuerza de los vientos, empuja las aguas a una vasta planicie que hay allí junto y, saliendo el sol, cuando se tranquiliza el mar, se coagulan en blanquísima y óptima sal; y si acudieran allí pronto, antes de que llueva, podrían cargarse  cuantas naves surcan el mar...”. (Pedro Mártir de Anglería, cit. por  Valera, 1980: 57).

Esta expedición de Alonso y Guerra quienes tenían licencia para la realización del viaje firmada por el Obispo de Badajoz, don Juan Rodríguez de Fonseca . Con la limitación que Niño y Guerra no tocasen tierra del rey de Portugal, ni en la tierra que Colón había descubierto hasta el año 1495

Para el historiador Manzano Manzano, Pedro Alonso conocía muy bien el territorio de Las Salinas de Araya, debido a que él la visitó en el año 1494 junto con Colón la tierra de Paria en el segundo viaje, dichas incursiones fueron denominadas viajes ocultos o menores desde la isla La Española. Por eso conocía el lugar donde Colón había rescatado las perlas, y le encomendó a los nativos que guardaran cuanta perla podían que en otro viaje las venía a buscar. Esas perlas fueron rescatadas por Alonso y Guerra. En el sitio denominado por ellos de las perlas.

Indudablemente  este viaje no fue de descubrimiento sino en búsqueda del tesoro perlífero encargado por el almirante, que por cierto, en su tercer viaje no paso buscando sino que, como lo indica Manzano Manzano, tenía la pretensión de  mandar a su Hermano, quien conocía la ruta, debido a que ya la había recorrido. Alfonso y Guerra anduvieron y observaron en todo su esplendor Las Salinas de Araya, seguro se comunicaron con los pobladores e intercambiaron baratijas por perlas. El sitió de tierra firme que contaba con grandes extensiones marinas de perlas es el que se encontraba entre Punta de Araya y la isla de Cubagua.

Políticas Implementadas por la Corona Española para la protección de la Salina de Araya

La delicada situación planteada en diferentes oportunidades por el gobernador de Cumaná y el de Margarita, D. Diego Suárez de Amaya y Fadrique Cáncer respectivamente; el Consejo de Estado solicita información más completa sobre tal situación planteada de piratería en las inmediaciones de ambas provincias, a sabiendas los problemas entre ambos gobernadores. Y en solicitud por el gobernador de un experto, se envía una comisión  dirigida por Bautista Antonelli acompañado de su hijo. Cuya misión tenía como fin encontrar propuesta para impedir el acumulamiento de la sal en Araya.

El Ingeniero Antonelli realizó un valioso informe donde describe con mucha precisión todo lo referente a la Gran Salina, con el nombre de "Relación de la Gran Salina de Araya". Está dicha Salina en diez grados de alturas entre el Trópico de Cáncer y la Equinoccial. En el mismo, el autor hace un análisis de cada una de las propuestas que hacían referencia los gobernadores, para evitar el continuo saqueo de la Gran Salina, y de esa forma  darle un  golpe al comercio ilegal en dicha región. Dicho informe técnico realizado tratándose  el problema  como la diferencia entre el mar y la salina, deduciendo que por tal situación el mar penetra hasta ella, no sólo cuando hay reboso, sino a través de manantiales subterráneos se alimenta la salina, manteniéndose  siempre llena.

Para Jesús Valera Marcos, “Antonelli no llegó a conocer que el problema no era otro sino el de la sobresaturación en una laguna de agua de mar, con elevado índice de salinidad, sometida a una fuerte evaporación. Este echo hace que se produzca una corriente continua de agua en un solo sentido, hacia dentro de la laguna. Y al entrar nueva agua salada, y ser el volumen de líquido siempre el mismo, ocurre que la capacidad de disolución del agua disminuye hasta llegar a la saturación. Este es el momento en que se da la precipitación de la sal. Si Antonelli se hubiese dado cuenta de que tal era el origen de la Salina, seguro que la solución le habría resultado más fácil. El simple hecho de abrir dos canales que provocaran una corriente continua, para evitar la saturación del agua, provocaría la desaparición en poco tiempo de los grandes acumulos de sal”. (Valera Marcos Jesús: Las Salinas de Araya y la Armada de Barlovento, Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Caracas, 1980, p.67.

La sal explotada en la Gran Salina por otros países representaba para la Corona española un peligro, porque significaba el aprovechamiento y desarrollo de las industrias  de pescadería etc. Llevando a dichos países, los cuales eran sus enemigos, a la acumulación de fortunas que después eran utilizadas contra los hispanos. Lo  que significaba que eran atacados con sus mismas armas. (Varela. 1980: 263-273) 

Todo parece indicar que para finales del siglo XVI se venían estableciendo ciertas vigilancias por parte de los españoles, para mantener informado al gobernador de la Provincia de Nueva Andalucía o Cumaná, de las diferente naves que venían costeando las costas en busca de sal. Los sitios donde se colocaban las vigilancias o velas como se les llamaban eran: en los cerros Maurica  y Barrigón, y en el promontorio que sobre sale en las costas hoy llamado Punta de Bobo o Peñas Negras, desde donde había un sistema de señales para avisar sobre la presencia del enemigo por el horizonte. Estos veladores, a los cuales el gobernador les solicitó al rey para que les sufragara los gastos, para su manutención y al no tener una respuesta satisfactoria. Tenían un sueldo de trescientos pesos, los cuales a su vez eran aportados por los habitantes de Cumaná como impuestos. Pero los españoles que hacían el servicio de vigilancia colocaban con sueldos mucho más bajos a indios para que realizaran dicho trabajo. Las constantes visitas de las embarcaciones y la cantidad de las mismas indica que el sitio más utilizado para hacer la vela era en sitio del cerro Maurica, por ser el menos problemático, debido a que se podía informar luego de todo lo que hacían los marineros de los navíos a través de la costa que se encuentra del golfo de Cariaco, como lo es el sitio de Manicuare. Lugar éste por donde se podía tener una constante comunicación con tan solo una piragua rápida. “... que para que las pudiese ver, aunque de lejos, el obispo de Puerto Rico, que se hallo en aquella sazón en esta ciudad, atravesé con él este golfo de Cariaco, y pasé el cerro de Maurica, que esta sobre dicha salina donde tengo a la continua dos españoles y dos indios velando, que con fuegos, que en dicho cerro hacen, me avisan cuantas urcas vienen a cargar sal, y de otros navíos de rescate y del mal que hacen, que corren estas costas.

Procedimiento de la explotación de la sal.

La manera de la realización de la explotación de la sal para luego cargar los barcos debió ser impuesta por los ingleses en primer orden, debido a que fueron estos quienes estuvieron en primera instancia cargando sal de las Salinas de Araya. Luego se les anexaron los holandeses conjuntamente con otras nacionalidades como franceses, italianas y zelandeses en forma esporádica. (Varela. 1980:58).

Las naves llegaban a la pequeña ensenada al frente de las salinas de Araya, denominada Ancón de refriega, en la parte oeste, allí anclaban, hasta que le tocarán su turno para atracar en los dos  muelles existente; por el número de planchadas, al menos 4, para las diferentes nacionalidades que estaban en el negocio de la sal, según relación de Antonelli al rey. La tripulación desembarcaba  a tierra excepto el capitán, maestre, piloto, el cocinero y los pajes.( Carta de D. Diego de Suárez de Amaya, Cit. por Varela, 1980: 263-273).

Perdida de importancia de la Salina de Araya para España

Ya para los años de 1720 y 1721, se venía haciendo la propuesta para que los soldados y armamento que estaba en la fortaleza de Araya fueran llevados a otro sitio donde eran más  necesarios, debido a los holandeses tenían otras salinas en donde extraían la sal, sin ninguna molestia de los hispanos. Las cuales son las que conforman las Antillas Neerlandesas. Los soldados generalmente venían haciendo su servicio en la ciudad de Cumaná, quizás por lo más cercano, y porque pertenecía a una misma jurisdicción.

“En Cumaná se extraían palo brasil, tabaco y cacao, pero los únicos que los aprovechaban eran los holandeses, daneses y otros extranjeros, quienes obtenían tales productos a cambio de ropas, bastimentos y aguardientes. Peor aún, el “situado” de treinta mil pesos que se enviaban de la Nueva España al presidio de Araya quedaba en manos de los neerlandeses, porque con tal dinero se facilitaban las compras de géneros extranjeros”.

Aquí podemos darnos cuenta de la falta de asistencia por parte de la corona española, al no venir con frecuencia a Araya, a pesar de la existencia de un fuerte, que para ese momento hacía de presidio. Esta  falta de asiduidad, traía como consecuencia que los soldados y habitantes para el entonces de la importante tierra de la sal, siguieran con los intercambios comerciales con los holandeses. Pero no necesariamente, se le pudo haber cancelado a los comerciantes extranjeros con el dinero proveniente del situado por su trabajo, sino que también se le pagaba la mercancía con sal, producto que para ellos siempre ha tenido mucha importancia.

La construcción del fuerte en Araya, fue de mucha importancia, aunque no acabó de una manera definitiva con el contrabando, pero sí permitió acabar con la feroz y constante presencia de las embarcaciones en busca de sal, por parte de los holandeses, franceses e ingleses.

En muchas oportunidades las tropas de este importante fuerte  se intercalaban en sus labores, con los soldados que estaban destacados en Cumaná, capital de la provincia. Pues el gobierno de Araya y los pueblos circunvecinos la venía ejerciendo últimamente un alcaide, quien se encontraba ubicado dentro del fuerte. Era esta autoridad militar quien ejercía el mando, y a su vez éste le rendía cuenta al gobernador de la provincia de Cumaná.

La construcción del fuerte en Araya fue de mucha importancia, pues era síntoma de que el sitio era sumamente estratégico para el gobierno español. Además fortaleció la incipiente economía en dicha región, debido a que recobraba vida, creándose dos nuevas clase social, que no existía, como fue la española civil y la militar.

Carlos Ysaba López