Ensayo CASTILLO DE ARAYA

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Universidad de Oriente

Núcleo de Sucre

Escuela de Humanidades y Educación

Departamento de Filosofía y Letras

Electiva Humanística: Estética

 

 La Arquitectura Colonial: La Fortaleza “Santiago de Arroyo”

 

 

                                 Realizado por: Núñez, Lillys,  Vásquez, Leydimar,   Prof.:Julio Cortez

                                          Cumaná, noviembre de 2008

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La necesidad que tuvo el hombre primitivo de disponer de un refugio seguro en el que protegerse de las inclemencias climáticas y de sus peligrosos enemigos naturales, dio origen a lo que hoy conocemos como arquitectura. Esta es definida comúnmente como el arte de construir edificios perdurables en los que se asocian la funcionalidad y la estética, mediante una distribución armónica del espacio y la adecuada combinación de materiales y elementos decorativos. Se puede decir que sigue determinadas reglas, con objeto de crear obras adecuadas a su propósito, agradables a la vista y capaces de provocar un placer estético.  

Hay que tener presente que si bien en su inicio este arte, probablemente tuviera una mera función de cobijo, pronto se fue desarrollando en las distintas áreas, con una evolución casi pareja a la de la humanidad. Así, en la medida en que las actividades y necesidades del hombre se ampliaron y diversificaron, las edificaciones empezaron a tener también diversas finalidades, surgiendo así los templos, los mercados, los palacios, las fortificaciones defensivas, las construcciones funerarias o las de tipo puramente conmemorativo o decorativo. Por este motivo, de todas las artes plásticas, la arquitectura es probablemente la que mejor refleja la historia y el desarrollo de las distintas civilizaciones, y también la más completa, ya que integra a casi todas las demás (pinturas murales, escultura o el vidriado, entre otras).

 Este tipo de arte se puede clasificar de acuerdo a un estilo (arquitectura gótica, barroca, neoclásica o colonial, entre otras) o asociado a una cultura (arquitectura griega, romana o egipcia, entre otras), lo cierto es que independientemente de la cultura o el estilo ésta se debe basar en tres principios básicos, los cuales fueron establecidos en el Siglo I a.C. por el Tratadista romano Vitruvio, y estos son: la belleza, la firmeza y la utilidad.

 Recordemos que existen dos clases de belleza: la belleza natural que es la ofrecida por la naturaleza sin ninguna intervención  humana, esta la podemos encontrar en una mariposa o  en la belleza de una flor, y por otro lado tenemos la belleza artística en la cual se pone de manifiesto la creatividad humana, ejemplo de ello podría ser un poema, un cuadro o en este caso especifico la arquitectura, pues es bien sabido que las obras arquitectónicas deben poseer esa belleza que al contemplarla despierte placer estético, agradándonos de modo inmediato; se supone que toda obra arquitectónica debe poseer este principio para lograr despertar interés en el espectador.

 Con respecto a la utilidad, se puede decir que las obras arquitectónicas son creadas con un fin, el cual es la construcción de refugios o mejor dicho viviendas que permitan la subsistencia del hombre, así como su comodidad.

 

Ahora bien, la firmeza en la arquitectura se refiere al hecho de que la obra mientras este construida solidamente puede permanecer en el tiempo, es decir, su durabilidad nos permite conocer hechos pasados y así conocer nuestra historia.

 Se debe tomar en cuenta que, además de estos principios en toda construcción cabe distinguir dos tipos de elementos arquitectónicos clásicos: por un lado, los que ejercen presión sobre las estructuras (elementos de carga) y, por otro, los destinados a soportar dicha presión  (los sustentantes o de sostén), de forma tal que el edificio se mantenga en pie.

  Algunos de los elementos básicos de sostén son: la columna, la cual es un soporte cilíndrico de mucha mayor altura que diámetro; otra es el pilar, que es un soporte de sección cuadrada y sin proporción fija entre el grosor y la altura; seguimos con la pilastra, la cual es en pilar adosado al muro, y por último, tenemos los contrafuertes que son grandes machones que refuerzan los muros. 

Dentro de estos elementos de soporte, según la disposición de los materiales empleados en la construcción, tenemos los llamados ciclópeos, que son los formados por piedras de gran tamaño unidos sin argamasa; cabe decir que la argamasa es una mezcla o masa  de cal, arena y agua, que se emplea en las obras de albañilería. Por otro lado están los de sillería, formados por piedras labradas, por lo común de forma rectangular (sillares) asentadas unas sobre otras, en hileras; otros son los almohadillados, formados por sillares biselados en los bordes, y por ultimo, están los de mampostería, formados por piedras sin labrar, colocadas de forma irregular, sin sujeción a orden de ubicación o tamaños determinados.  

Como ya se vio anteriormente,  de acuerdo con el tiempo o estilo se han dado distintos tipos o caracterizaciones de arquitectura, sin embargo, sólo trataremos la arquitectura colonial, la cual consiste en un conjunto de manifestaciones arquitectónicas que surgieron en América latina desde el descubrimiento del continente, en 1492 hasta la emancipación del mismo a principios del siglo XIX. 

            Este tipo de arquitectura se basó en la construcción de fortificaciones construidas para servir como defensas en la guerra; También, denominados castillos. 

            Desde los días del descubrimiento y la conquista, el Mar Caribe fue el área mas codiciada, disputada, peleada y defendida del nuevo mundo. A lo largo de tres siglos, españoles, ingleses, franceses, holandeses, daneses, portugueses, indios, negros y aventureros de cualquier nacionalidad, luchaban unas veces como aliados otras como enemigos para defender, saquear, robar o conquistar tierras para así disputarle a España la posesión de los dominios americanos. Por ello, la necesidad de la corona española de construir en el territorio que hoy es Venezuela, fortificaciones que representan un complejo y sistema estratégico-militar concebido para conservar los dominios, consolidar la defensa, controlar las rutas y neutralizar los ataques enemigos en las aguas del Mar Caribe. 

            Las extensas costas de Venezuela bañadas por el Mar Caribe se vieron involucradas en una serie de acontecimientos. Ciudades costeras como: Maracaibo, Coro, Puerto Cabello, La Guaira, Cumaná, Araya, Margarita y La Guayana, participaron activamente en las luchas que conformaron la historia del Caribe, pues siempre estuvieron expuestas a la invasión de corsarios y piratas, por lo tanto, tuvieron que ser protegidas con fortificaciones en sus puntos mas estratégicos. Por ello, España introdujo en América y, por ende, en Venezuela un tipo de fortificación abalartuada  que aparece a fines de los siglos XVI, pero ya había aparecido en Italia con un siglo de anticipación.           

Se concibe este tipo de fortificación debido a que en la segunda mitad del siglo XV, la pólvora provocó cambios sustanciales en la técnica defensiva de las fortificaciones; las formas medievales de torres altas y largas de superficies planas, resultaban un blanco fácil y, el escaso espesor de los muros, reveló la fragilidad al impacto de las balas, lo cual obligó a una urgente búsqueda de una nueva técnica, así surgió la novedad del baluarte, esta vino a ser el elemento de defensa estandarizado de la nueva fortificación. Aunque, estos castillos se realizaban sin preocupaciones estéticas, no carecían de belleza arquitectónica. 

Una de estas grandes obras arquitectónicas realizadas en  nuestro país para la defensa de sus costas fue la realizada en Araya a fines de 1623,  conocida como “Real Fuerza de Santiago de Arroyo de Araya”. Santiago, por ser el Santo Patrono de España; Arroyo, por el nombre del Gobernador de Cumaná y, Araya, por el nombre del lugar. 

 Esta, es la fortificación de mayor antigüedad  en nuestro territorio, además de ser el monumento arquitectónico más importante del periodo hispánico en Venezuela, cuenta con el prestigio de haber contado en su construcción, con el respaldo de uno de los apellidos mas famosos entre los ingenieros militares, el de los Antonelli, pues en su construcción participaron tres miembros de esta familia: Bautista Antonelli, Cristóbal Roda Antonelli, hermano del anterior y Juan Bautista Antonelli, hijo del primero, todos ellos ingenieros militares de gran fama.  

En este tiempo la sal fue un producto conocido y utilizado por los aborígenes de tierra firme, y también por las escasas poblaciones de las islas cercanas. De hecho la existencia de salinas y su explotación desde tiempos precolombinos supuso un importante renglón en el comercio ilícito llevado a cabo por traficantes holandeses, franceses, ingleses e italianos.  En el caso de las Salinas de Araya  estas fueron descubierta durante la segunda expedición pariana la cual estuvo organizada por Pedro Alonso Niño y Cristóbal Guerra en 1499 y que desembarcó en las costas arayeras en febrero de 1500 en donde pudieron constatar la presencia de una gran salina, rumbo de regreso a España llevaron como botín perlas en  buenas cantidades, indios prisioneros y la noticia de la riqueza salinera.

 El primer cronista en referirse a las salinas de Araya fue Pedro Mártir de Anglería quien en su descripción, tomada oralmente de los primeros testigos de su hallazgo la define así: 

“En aquella playa de Paria hay una región llamada Haraia, que es notable por una especie de salinas; pues agitado allí el mar por la fuerza de los vientos, empuja las aguas a una vasta planicie que hay allí junto, y saliendo el sol cuando se tranquiliza el mar, se coagula en blanquísima y optima sal; y si acudieran allí pronto, antes de que allí llueva, podrían cargarse cuantas naves surcan el mar, porque en lloviendo al punto se liquida y la absorbe la arena, y por los poros de la tierra vuelve a su origen, de donde había sido arrojada. Dicen otros que el llano aquel no lo llena el mar, sino ciertas fuentes que brotan mas amargas que agua de mar, y en habiendo tempestad se remueven aquellas aguas. Los indígenas hacen mucha estima de aquellas salinas, pues no solo usan la sal para los usos domésticos, sino que formando con ellas como ladrillos la venden a los extraños a cambio de cosas ajenas…” 

La presencia de esta riqueza salinera no fue bien considerada durante los primeros años de la conquista y colonización. Obsesionados por la abundancia de los ostiales Cubagüenses, desde el inicio se concretó la explotación de esta otra riqueza mas productiva y de mayor venta en España y países de Europa. 

Paralelamente al proceso conquistador hispano, ocurrió el cierre de las salinas de Portugal y Sevilla, las cuales eran explotadas por los holandeses e ingleses despertando así una gran  guerra que  se trasladó al nuevo continente y surcaron naves para la retaliación y el desquite en un Atlántico lejano y desconocido, con otras banderas distintas a la enseña de Aragón y Castilla. Al enterarse los holandeses de las inmensas riquezas perlíferas de Cubagua, Margarita y Punta de Araya y la sal de la gran salina  se dieron cuenta  de los beneficios que traería la explotación de estos recursos; empezaron así las incursiones continuas recorrían la costa e islas vecinas en el pillaje y la piratería e iban a concluir su periplo, en la península para el acopio de sal y como botín para su venta en el rosario antillano, asilo de corsarios y bucaneros; puerto seguro para el escondite o el descanso de naves y tripulaciones; para el repartimiento y el comercio con la sal obtenida. 

Durante más de cincuenta  años los holandeses explotaron para su propio beneficio la producción de sal, incursionando frecuentemente sobre la indefensa costa peninsular, pero sin construir poblados. Se limitaban a la explotación salinera para venderla en las antillas vecinas y Europa. España demasiada ocupada en las guerras que sostenía en el Viejo Continente, no tuvo tiempo ni previsión para defender su imperio colonial, que poco a poco fue cayendo en manos de ingleses, franceses y holandeses. El Gobernador de Cumaná Don Diego Suárez Amaya conocedor de la problemática que representaba la presencia holandesa en territorio Arayero, en cuanto al peligro de las comunicaciones con Europa y viceversa, decide poner al tanto al soberano español de tan angustiosa y delicada situación; y el 2 de julio de 1600 informa: “.....Los navíos (holandeses) nos tienen aquí cercado, de manera que no entra en este puerto, navío ni fragata, ni barco del trato de los que solían abastecer esta tierra”..... 

En tal sentido y viendo lo delicado de la situación planteada por el gobernador de Cumaná, el monarca español solicita a los gobernadores de Cumaná y Margarita respectivamente informes del problema y posibles soluciones.  

      El Gobernador de Cumaná, da como solución el envenenamiento de la Salina y además envía un plano donde propone “echar la mar dentro”, es decir, anegar la salina para que de esta manera los invasores no tengan motivo por el cual viajar hacia la Península de Araya. 

      La idea de anegar la Salina es la mas compartida, pero antes El Rey  de España decide enviar al ingeniero militar Bautista Antonelli a Araya en 1604 quien junto a su hijo Juan Bautista Antonelli, su hermano Cristóbal Roda Antonelli y  el teniente Pedro Suárez Coronel se trasladan desde Sevilla hasta Cumaná, no solo para realizar los estudios del problema salinero, sino también un estudio sobre la región costera de Cumaná y golfo de Cariaco. En marzo de ese año llega este gran ingeniero y creyó en un primer momento que la solución para acabar con la invasión era anegar la salina, pero luego creyó conveniente la creación de un castillo para proteger dichas tierras.

       Ya para el año 1605 la Corona resuelve enviar parte de la Armada Real del mar Océano hasta la Salina para acabar con la explotación ilegal y se desató entonces una de las batallas navales de gran importancia llamada “Batalla del Ancon de las Refriegas”, en esta batalla fue herido Daniel de Mujerol quien fuese  el hombre mas temido en el ámbito del Caribe y el más poderoso manejador de la comercialización de la sal de Araya. Mujerol fue tomado prisionero para luego ser ahorcado el día 7 de diciembre conjuntamente con gran parte de sus hombres y otro contingente fueron enviados a la prisión de Cartagena de indias; paradójicamente para la memoria de este aventurero holandés el sitio donde fue ejecutado, y al que llamaron el cerro de Mujerol, fue el asentamiento de la fortaleza militar que definitivamente evito la presencia holandesa en Araya.  

Después de un tiempo, ya para 1620 los navíos holandeses reinician sus incursiones a la península. En septiembre de 1621, el Gobernador de Cumaná logra impedir un intento de colonización holandés que pretendía adueñarse de la salina; en efecto estos anclaron seis navíos frente al puerto de Araya, desembarcaron el material para reiniciar la explotación y seis piezas de artillería. Al año siguiente llegaron dos urcas para abastecerse de sal. Finalmente una fuerza naval de veintisiete buques desembarco gente suficiente para acometer la explotación y condicionar dos fuertes dotados con trece piezas de artillería. Una fuerza suficiente para un establecimiento y su defensa. Todas estas situaciones, mas otros intentos posteriores, logro impedir el Gobernador Arroyo. 

      Ya para el 15 de enero de 1622, la Junta de Guerra de Madrid decreta la construcción del Fuerte de Araya; se da a conocer para este entonces el primer plano del castillo, el cual seguramente fue trazado por Cristóbal Roda en base a los planos dejados por el difunto Bautista Antonelli en custodia de su hijo Juan Bautista. Este plano no lleva ninguna firma y en la cartelera reza: “Relación de la planta del Castillo de Santiago de Arroyo, que su majestad a mandado hacer al capitán Cristóbal Roda ingeniero militar”. Está en escala de 400 pies de vara los 213 milímetros. En este plano, se puede observar que ya está definida la traza irregular que mantendrá la obra final. Cabe señalar de paso, que una obra similar hizo Bautista Antonelli para el fuerte de la Punta en la entrada del puerto de La Habana (1587-1595).

              De la misma fecha es el plano del Gobernador de Margarita, Andrés Rodríguez de Villegas, este fue otra de las propuestas que se presentó para el castillo de Araya, este plano presenta una figura con tres baluartes de ángulos agudos con una forma triangular, muy distinta al plano de Roda que presenta una figura de cuatro baluartes con una forma irregular; final mente la propuesta del Gobernador de Margarita no fue aceptada, debido a que el proyecto de Roda fue el más indicado. Comienza así la construcción de la Real Fuerza de Santiago de Arroyo de Araya. 

      Ya para 1631, Juan Bautista Antonelli regresa a España para informar sobre la marcha de la obra y requerir más dinero, pues como se había gastado demasiado la Junta de Guerra recomendó una reducción de los gastos, posiblemente por tal motivo se dejó a cargo de la construcción a  Don Bartolomé Prenelete “cantero y asentador de la fuerza de Araya”. De su mano es el interesante plano de 1636, en el cual están eliminadas todas las piezas en el lado Norte de la plaza de armas. En este plano se encuentra una ampliación en el Baluarte de San Gaspar (B), que nunca llegó a realizarse. Lo que faltaba era la terminación del Baluarte de San Diego (D), donde iba la plataforma y la rampa de acceso, lo cual debió hacer Juan Bautista antes de irse a Puerto Rico. También faltaban las piezas de alojamientos (H), El cuerpo de guardia (O) y la iglesia (G). Después de un siglo aparece el plano de Juan Amador Courten en el año de 1734, el cual es definido como “Fuerte Santiago de Arroyo”, es el del castillo terminado y como estaba antes de ser volado.

Finalmente la ambiciosa y gran obra de arquitectura militar fue concluida. Y, construida de sillería y cal, con cuatro caras desiguales, denominadas  baluartes que llevan como nombre San Diego, San Felipe, San Gaspar y San Baltazar, una cara mira hacia el puerto, otra a la entrada de la salina, otra hacia ésta y la cuarta de dimensiones más reducidas mirando a la tercera. Las dos primeras están bañadas por el mar, la tercera tiene al frente un pequeño arenal que media entre aquella y la salina, todas descubiertas hasta los zócalos. Hay en su interior dos aljibes, almacenes de pólvora, casa de castellano sin terminar y treinta (30) cañones de hierro y bronce. 

La construcción del castillo alejó la presencia de holandeses e ingleses de la salina de araya. Así pues,  en 1648 se firmó la paz de Westfalia que si bien puso fin a las actividades de explotación ilegal de las salinas, en cambio, reconoció la soberanía holandesa sobre las islas de Aruba, Curazao y Bonaire.

 Es a partir de estas circunstancias cuando se plantea la funcionalidad de la obra en cuya construcción se habían invertido centenares de ducados y cuyo mantenimiento y operatividad ocasionaban serios gastos a la corona, que fluctuaban alrededor de 30.000 pesos fuertes anuales, de acuerdo con el número de su guarnición, que oscilaban alrededor de 250 hombres. Además, en 1725 un huracán caribeño abrió una gran brecha entre la playa y la salina, y ésta se inundó. Esto ocasionó por métodos naturales la disminución de la concentración de la salinidad y la escasa productividad de la salina. Ya en 1759 se estaba estudiando la posibilidad de la demolición de la fortaleza, solución que se venía previendo por no considerarse ya necesario, desaparecidas las causas que motivaron su construcción; por lo costoso de su mantenimiento; por los daños no reparados, sufridos cuando el ciclón o sismo, o ambos a la vez de 1684; y posiblemente ante la eventual circunstancia que en caso de otra guerra, siempre estaba latente este peligro, pudiera ser tomado por la potencia adversaria y ser entonces aprovechado por el enemigo. Por eso, ante todas estas posibilidades se había ya planteado en el Consejo de Guerra su demolición. Solicitada la opinión del Gobernador de Cumaná Dijuga y Villagomez, éste opina favorable esta medida; y en 1762 se autoriza que fuese volado, lo que requirió el empleo para tal fin de mas de 1000 quintales de pólvora y sin embargo, no fue posible su total destrucción, y con esta acción se pone fin a la Fortaleza de Araya, 120 años después de su edificación. 

      De esta manera la salina volvió a quedar sin protección alguna y a merced de los corsarios y piratas ya que la guarnición y buena parte de la comunidad se residenció en Cumaná. La sal fue perdiendo con el tiempo la importancia que tuvo en épocas pasadas, debido a las muchas salinas que se descubrieron y a la facilidad de transporte.

     Los Gobiernos que ha tenido Venezuela han sido indiferentes en cuanto a la Real Fortaleza de Araya. La mejor alhaja de América como la llamó el Gobernador de Cumaná, Don Carlos de Sucre, yace olvidada, abandonada, en el árido sitio peninsular. Sus muros; han venido deteriorándose en la inexorable de los pasos del tiempo transcurrido, más de doscientos cuarenta  y cinco años después de su demolición. Pareciera que ese fuera su destino. La naturaleza con sus fenómenos, el viento, la erosión, la acción de las olas, etc., han sido implacables. Pero el hombre ha sido su gran depredador. Sin cuido alguno, sus sillares han sido extraídos y vendidos para diferentes usos; sitio para defecadero común, refugio de animales, ambiente para la destrucción constante. Aun se espera que las autoridades del país hagan algo para conservar sus ruinas, cuidarlas, protegerlas, hacer de ellas un sitio para el estudio de su historia, preservar su gloria y su grandeza en el tiempo, es una tarea hermosa a la que estamos llamados todos para devolverle el sitial que se merece y poder volverla a llamar con orgullo “La mejor alhaja de América”. No basta con declararlo Monumento Nacional como en efecto se concretó en 1960 hace falta voluntad y amor para con nuestra historia para logra tan ambiciosa propuesta.

Bibliografía

 

Castillo de Araya. (2006). [Página Web en línea]. Disponible en:

          www.venezuelatuya.com/oriente/castilloaraya.htm

 

Encarta. (2007). [enciclopedia en línea]. Consultado el 02 de noviembre de      2007 en: Microsoft Corporation.

 

Gasparini, G. (1985). Las Fortificaciones del Período Hispánico en Venezuela.  Caracas: Armitano.

 

Novás, F. (2006). Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano. Venezuela: Ministerio de cultura.

  

Nueva Enciclopedia Auto Didáctica. (2001). Lingüística y Arte. Tomo II. Lima: Lexus.

Patrimonio Arquitectónico del Estado Sucre. Trabajo: Fortificaciones. Cumaná: Fundapatrimonio-Sucre

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