Araya: 51 años de su triunfo en Cannes

Benito Salazar Frontado 

Enseñando el Afiche de la película Araya, cuando se realizó el estreno en la Población de Araya. Para él, la película cada día toma más importancia para la generaciones venideras por el carácter social e histórico.  Ella nos debe llenar de orgullo.

Ficha con que se le pagaba a los trabajadores de las salinas de Araya por cada mara. Durante la película podemos ver la utilización de esta "Moneda" y la importancia que representaba para los trabajadores, y que en el pueblo tuvo mucha significación,  en ocasiones se cancelaba hasta en las bodegas del pueblo de Araya, sustituyendo en oportunidades a la moneda corriente. Una ficha que valía un real y el Ministerio de Hacienda pagaba ..Carlos Ysaba López.

 

 

 

 

 

 

Araya cumple 51 años de haber compartido el premio de la crítica del festival de Cannes con Hiroshima Mon Amour (Alain Resnais). Por su parte los americanos agarraron los negativos e hicieron copias nuevas, inclusive en formato DVD y con nuevos subtítulos en inglés

Por: Carlos Ysaba López.  Teléfono: 0416-8801879

Dedicado: a las familias: Salazar, Pereda y Ortiz, y a los extras en la película que aún no les han reconocido su mérito en la película Araya.


Cuando en la plazoleta que se encuentra alrededor de la iglesia de las Aguas Santas en la calle Rivero vi por primera vez el documental “Araya”, fue un momento que me llenó de mucho entusiasmo, al ver como varias personas que conocía eran los protagonistas de un largo metraje de renombre mundial. La gente del pueblo se reía al ver los cambios que se habían generado, no solamente en los rostros de sal de los habitantes, sino del pueblo. El largometraje “Araya” es la narración a través de tres (3) familias los Salazar, Pereda y Ortiz, que son como ventanas que dejan mirar lo duro que era vivir en Araya en la década de los años cincuenta del Siglo pasado. Son imágenes de sal que toman vida en el oleaje de la Laguna Madre, conocida en la colonia como La Gran Salina. Imágenes de viento y fuego de la herencia prehispánica de darle vida al barro para ayudar con utensilios a cubrir nuestras necesidades alimentarias. Imágenes de ese misterioso mar que nos cuenta de nuestros primeros asentamientos de los pueblos que conforman  la península de Araya.

El cine venezolano, gana dos premios importantes y muchos reconocimientos, de la mano de "Araya", película de la joven cineasta Margot Benacerraf. En donde se nos muestra la ausencia de flores para los muertos y la presencia de caracoles que llenan esa ausencia natural. Este filme recibió el Premio Internacional de la Crítica (Premio Compartido ex-aequo con "Hiroshima, mon amour" de Alain Resnais) en el Festival de Cannes de 1959. y Gran Premio de la Comisión Técnica , Cannes, 1959.

"Araya" es considerada un verdadero patrimonio de la cultura venezolana y un clásico en la historia del cine mundial. De hecho, en 1990 fue seleccionada como una de las cinco mejores películas en la historia del cine latinoamericano, dentro de la retrospectiva de Latin American Visions, organizada por el Neighborhood Film/video Project de Philadelphia.

Como arayero y de una familia que también trabajó dentro de la salina, delante de mi, veo las imágenes de lo duro que era vivir en la Araya del momento, que van entrando en nuestra alma, reflejadas en ese largo metraje, creemos que es como un castigo trabajar dentro de esa salina, jornadas que nacen antes de la salida del sol, para mitigar gran parte de lo inclemente del sofocante calor. De las llagas que se les tatuaban a muchos coterráneos en su piel, producto de las heridas dejadas por los "tejos" de sal. Fue una herencia que dejaron nuestros ancestros desde la colonia, cuando la sal era el oro blanco, significando para los holandeses gran parte del financiamiento de su independencia.

Araya en un tiempo significó para los españoles tierra de nadie, donde los piratas eran los dueños de la sal. Fue momento en que en nombre de la Real Corona española, ajustició al pirata holandés Daniel Mujerol y a sus lugartenientes, en el mismo cerro donde construyó más adelante la Fortaleza Santiago de Arroyo.

En los rostros de uno de los personajes centrales del largometraje “Araya” Benito Salazar, nos dice que, “el trabajo dentro de la Laguna Madre es un trabajo esclavizante”.

Araya, fue una coproducción franco-venezolana de 1959 que aborda en 82 minutos la vida real de los trabajadores de las salinas, llegó a ser postulada a la Palma de Oro en Cannes. Pero el trabajo total era de más de 3 horas de película, pero que debió ajustarse a las condiciones del festival. Una lástima que hasta ahora no podamos disfrutar de la otra parte de la película, que hasta se ha dicho que se perdió.

Benacerraf contó recientemente que los restauradores estadounidenses se ocupan de las cintas que en su criterio, vale la pena guardar para la historia, y eligieron a Araya. Organizadores del Festival la vieron y la incluyeron en la programación especial.

En cierto momento Margot Benacerraf, emocionada manifestó que le gustó muchísimo que Araya cumpla 50 años de haber compartido el premio de la crítica del festival de Cannes con Hiroshima Mon Amour. Por cierto, ella aclaró que, “aunque no trabajé con actores sino con la propia gente de Araya, mi película no es un documental”.

¿Como nació la película Araya?

Benacerraf contó en una entrevista que: “un día de esos, en casa de Mariano Picón Salas, me puse a hojear una revista Elite que estaba allí, y vi las pirámides de sal de Araya; cuando no sabes de su existencia, pues te golpean…Viendo esas fotos, eran una maravilla; así que, mientras estábamos reunidos, entusiasmada pregunté “¿Dónde queda Araya?”. Y nadie sabía seguro; tampoco yo, y quedó la pregunta en el aire… Eran un fotos muy malas las que publicó Elite , y lo único que veías era las pirámides parecidas, por el resplandor, a de las de Egipto, pero en sal. Y te preguntabas, dónde es eso, en qué parte de Venezuela es eso. Yo me acuerdo que don Mariano me llamó al día siguiente y me dijo: “Ya hice una averiguación, para el cuento que tú quieres sobre el mar a lo mejor te funciona, quizás te funciona, pues es pura costa aquello”. Y pregunté: “¿Cómo se llega allá?”. Bueno, después descubrimos que había que ir a Cumaná, a tomar el ferry: estoy hablando del año 56, que fue la primera vez que fui a Araya. Después de no resultarme lo del cuento de los andes, fui a investigar el otro cuento, el del mar. Después del ferry, había que ir en jeep ; aquello era un viaje, eso duraba días. Primero que el ferry quisiera salir.

Total que llegué un atardecer a Araya; era finales de1956. Bueno, y era impresionante la arquitectura imponente del castillo, toda derrumbada como una fortaleza, con piedras enormes en el suelo. Y cuando tú llegas de tarde es más impactante, porque entre esa soledad, entre aquel castillo, tú te preguntas qué hace este castillo tan grande en medio de esta soledad. Entonces me metí a recorrer los pueblos de la península de Araya, a escoger los personajes, fui dos veces más o menos o tres veces. Todas las historias de esas familias son ficticias. La abuela y la niña no tienen nada que ver. Los enamorados se odiaban a muerte, puse con toda libertad la gente que quería, y los lugares, escogimos tres pueblos. Después de recorrer mucho, cuando regresé, me pregunté más cosas. Quiero saber por qué Araya tuvo esa importancia. Ese castillo era el segundo en América Latina después del de Cartagena y fue creado por el mismo arquitecto y todo. Entonces, me fui al archivo de Indias de Sevilla. Y ahí estaba toda la documentación que quería, y que aquí no había. Veía los mapas de Venezuela de la época, y lo único que se veía en la costa venezolana, era Araya escrito. Era muy importante. Encontré una correspondencia muy divertida, y leí muchos manuscritos. Como las cartas del gobernador al rey. Con toda la parsimonia y en el español de la época, eran documentos muy curiosos. Total que regresé con una cantidad de información de Araya, que no iba a utilizar, porque no estaba haciendo un documental sobre la sal y Araya. Sino toda una historia de los personajes de Araya. La película se centra en la historia de tres familias que se entrecruzan, y justo filmé entre la desaparición de la Araya artesanal y la Araya mecánica que invadió de un golpe, provocando un gran conflicto humano, pues no estudiaron el problema que eso provocaría. Porque antes una familia entera trabajaba, aunque fuera una barbaridad, por cinco centavos, pero era toda la familia, los hijos, uno recogían la sal, otro la llevaba; vivían en función de la sal y la pesca en una economía cerrada.

Pero además, eso era una labor de una gran belleza por todos los elementos que tenían en contra: el viento, el sol, la aridez, todo eso lo transformaban en cosas útiles. Era la dignidad del hombre lo que me interesó, filmé esos rostros y esas vidas porque son irremplazables. En aquella época de lo único que se oía hablar era de actores de televisión; yo no veía ningún actor metido en Araya. Entonces tomé el riesgo de tomar gente del lugar, que es más difícil de dirigir. Además, porque está hecho por escenas, pues está escrito y filmado como si fuera una película de ficción; lo que a la gente le descontrola es que no son actores. Entonces Araya no es un documental en el sentido propio de la palabra.

La película se rodó entres poblaciones como lo son Araya, El Rincón y Manicuare, allí podemos ver la realidad de los pueblos peninsulares para el momento. Como también es el nacimiento de la sustitución de la mano de obra por la maquinaria, de la mano de Benito Salazar y muchos otros que formaban los pillotes de sal, que un día impresionaron a Margot, y la inspiraron a realizar esta importante película.

Hablando con Benito Salazar, en mayo del 2009, manifestó su alegría por los 50 años que cumplía la película Araya de su triunfo en Cannes. Festival que se realizó del 13 al 24 de mayo de 1959. De la película quedan 8 personajes centrales vivos, que es un orgullo- continuó Benito-. También argumentó, que el trabajo de cargar la mara llena de sal para formar los pillotes era un trabajo fuerte, más cuando el sol estaba en plena luz del día tan fuerte como a horita. Empezó a trabajar desde los 24 años, la mara tenía 64 kilos, pocas veces me tiraban la mara con sal cuando no tenía el peso exacto exigido, su costo era el de una ficha que valía un real para el momento.